Entradas

Nastia: leer y dibujar para mantener la calma.

Imagen
Nastia, de 16 años, cuenta que ella y su familia hablaban sobre lo que harían si llegaba un ataque. "Tenemos una bodega cerca de casa donde podemos escondernos si disparan", afirmaba. "Pero no quiero volver a vivir un bombardeo, es realmente aterrador. No sabes dónde caerá el proyectil, dónde esconderte". Nastia reconoce que se empezó a sentir cada vez más ansiosa. Para ella, la manera de lidiar con ello era leyendo, dibujando y hablando con su hermana. "Si tuviera que irme, cogería un libro que me ayude a levantar el ánimo, o un juguete blando con el que pudiera quedarme dormida y que me ayudara a calmarme".

Artem: la vida en un parking.

Imagen
Con solo 9 años, Artem entiende que debe quedarse en el sótano porque es más seguro. Afuera, un misil podría alcanzarlo y no tendría dónde esconderse. Nos habla desde el estacionamiento subterráneo donde se refugia con su familia en Kharkiv, Ucrania. Allí hace su vida. No imaginó que 100 días después seguiría atrapado en esta guerra "al principio pensaba que duraría 2 o 3 días", dice. Aunque después de la primera semana, ya se dio cuenta de que sería más largo. El 1 de junio se celebró el Día Internacional para la Protección de los Niños en Ucrania y en toda la región. Sin embargo, “estamos ante el centésimo día de una guerra que ha destrozado la vida de millones de niños", afirma Catherine Russell , directora de UNICEF .

Una madre obligada a huir

Imagen
Yulia es madre de tres hijos. Cuenta que cuando todo empezó, estuvieron viviendo en el pasillo de su casa, sin moverse de ahí, por miedo a los bombardeos. Los niños no entendían qué hacían allí hasta que los aviones empezaron a sobrevolar y se asustaron mucho.  Después pasaron algún tiempo en una estación de metro, aunque no era el sitio más adecuado para alojarse con su bebé y los otros niños pequeños.  Tuvo que tomar la terrible decisión: huir de su ciudad, Kharkiv, en busca de un lugar seguro para su familia. Cogieron un tren. No olvida las explosiones y el humo que invadía la estación. Pero sobre todo, no olvida el miedo que pasó ella y los niños.  Así llegó a Lviv, con lo puesto y sin planes de futuro. 

Una tabla en medio de la guerra

Imagen
Ali tenía once años cuando su vida cambió para siempre. Vivía en Alepo, una ciudad que un día estuvo llena de mercados, gritos alegres y olor a pan recién hecho... hasta que la guerra convirtió las cales en polvo. Una mañana, después de una explosión cercana, su familia decidió huir. Llegaron a un campo de refugiados en el Líbano con lo puesto. Para Ali, aquello era un desierto sin rincones propios, tiendas de campaña, colas para conseguir agua y esa sensación de no tener un lugar seguro al que volver. Él, que soñaba con ser piloto, apenas podía dormir. Un día, mientras caminaba cerca de la costa libanesa, vio el mar por primera vez en su vida. Nunca había imaginado algo tan grande. El agua le daba miedo y respeto, pero también una calma que no recordaba hacía años. Se obsesionó con él. Lo miraba, lo escuchaba, se quedaba quieto solo para sentir que el mundo podía ser silencioso otra vez. Fue entonces cuando se le ocurrió algo que nadie esperaba, construirse una tabla de surf. En el ca...

Rani y los sueños entre la basura

Imagen
En la ruidosa ciudad de Vijayawada reside Rani, una niña con apenas diez años, con una infancia transcurrida en montañas de desperdicios y el insoportable calor del basurero. Ella dedica nueve largas horas cada día a rebuscar entre la basura, buscando fragmentos de plástico o vidrio para vender y ganarse la vida, con una edad inimaginable. No lo hace por gusto, sino por necesidad, sus manitas ayudan a sostener a su familia, con tres hermanas mayores y un hermanito de solo un año. Pero, a pesar de esto, Rani no dejó de soñar. Separando botellas y bolsas rotas, sueña con un porvenir distinto, con libros en vez de desperdicios, un aula en lugar del vertedero. «No quiero ganar dinero recogiendo basura, quiero estudiar», afirma con una determinación que desarma a quien la oye. Su historia, no es excepcional. La dif ícil situación de Rani es emblemática de las dificultades que enfrentan muchas familias dalit (antes conocidas como intocables) en la India. En los barrios más desfavorecidos, ...

Yash, el chico que miró más allá

Imagen
Yash Gupta tenía solo catorce años cuando, justo antes de un examen crucial, rompió sus gafas. En los días siguientes, se encontró con un gran desafío: no podía leer la pizarra, concentrarse en clase ni seguir el contenido de los libros. La frustración y el dolor de cabeza lo acompañaban, y en medio de todo eso, se le ocurrió una pregunta que nunca había considerado: ¿qué pasaría si alguien no pudiera permitirse unas gafas nuevas? Esa pequeña experiencia transformó su perspectiva del mundo. Comenzó a investigar y se dio cuenta de que más de mil millones de personas en el planeta necesitan gafas y no tienen acceso a ellas, muchos de ellos son niños que abandonan la escuela porque no pueden ver bien. Con solo quince años, decidió que era hora de actuar. Fundó una organización llamada Sight Learning , con una idea tan simple como poderosa: recolectar gafas usadas y donarlas a quienes más las necesitan. Empezó pidiendo ayuda a amigos, vecinos y ópticas locales. Pronto, tenía cajas llen...

Libros en las manos, no herramientas

Imagen
Om Prakash tenía solo ocho años cuando empezó a limpiar coches en las calles de Delhi, en el norte de India. Cada mañana, él veía a otros niños con sus mochilas yendo al colegio, mientras él se dedicaba a frotar cristales bajo el sol. A veces, se preguntaba cómo sería tener un cuaderno y poder escribir su nombre. Un día, una organización decidió ayudarlo a dejar su trabajo y le brindó la oportunidad de asistir a la escuela. Al principio, todo le parecía confuso, pero poco a poco comenzó a leer, a contar y a soñar. Soñaba con un mundo en el que ningún niño tuviera que trabajar para sobrevivir. Con el tiempo, Om se convirtió en un defensor de los derechos de los niños y fue invitado a hablar en las Naciones Unidas. Allí, frente a un público de cientos de personas, pronunció con voz firme: “Los niños deberían tener libros en las manos, no herramientas.” Hoy, sigue estudiando y ayudando a otros niños a recuperar su infancia. Porque, para él, el mayor sueño es que todos tengan...

El niño que trajo el viento

Imagen
William Kamkwamba (Malawi) William nació en un pueblo muy pobre de Malawi. Cuando tenía 14 años, una sequía dejó a su familia sin comida. No podía pagar la escuela, pero iba a la biblioteca del pueblo y allí aprendió, solo, cómo construir un molino de viento. Con chatarra y piezas viejas, hizo uno que generó electricidad y bombeó agua para los cultivos. Hoy es ingeniero y su historia inspiró un libro y una película de Netflix .

BIENVENIDOS

Imagen
¡Bienvenidos a Donde nacen los sueños!  Este es un espacio donde quiero compartir historias, proyectos y reflexiones sobre la educación, la empatía y las segundas oportunidades. Este blog surge del deseo de demostrar que el cambio puede comenzar con algo tan simple como un libro, una sonrisa o una conversación. Aquí encontrarás relatos que inspiran, experiencias educativas y pensamientos sobre cómo podemos construir un mundo más justo, basado en el respeto y la educación. En el futuro, me gustaría dedicarme a la psicología o la educación especial, porque estoy convencida de que cada persona merece ser comprendida y acompañada de acuerdo a su forma única de sentir y aprender.  Espero que este rincón sirva para recordarnos que los sueños también pueden nacer en los lugares más humildes.